Fotografía de una persona ordenándose el armario

La estatua

La situación excepcional en la que estamos inmersos causada por la pandemia del Covid-19 ha provocado que muchas actividades o bien se anulen o se posterguen.

Eso mismo ha pasado con el curso de escritura creativa que se tenía que empezar a celebrar este mes en el Cèntric Espai Cultural del Prat de Llobregat y que, al igual, que, en la edición anterior, iba a ser impartido por Jose Ignacio García Martín y al que por supuestísimo me iba a volver a inscribir. Por eso, desde el Cèntric nos han propuesto que escribamos un microrelato a partir de una pauta marcada por el profesor. Esta ha sido la premisa planteada por el profe:

En estos días, con la situación especial que estamos viviendo, los pequeños objetos están cobrando una relevancia fuera de lo habitual. Un cepillo de dientes, una pila de 1.5 voltios, un paraguas o un sacapuntas (o, sí, un rollo de papel higiénico) pueden convertirse de pronto en el Santo Grial. Ya que el mundo exterior, de momento, lo tenemos vetado, os invitamos a hacer un recorrido por vuestra propia casa como si fuera un museo, poniendo atención en los objetos que pueblan las estanterías, muebles, cajones, paredes, repisas y encimeras, y tratad de extraer la historia que cada objeto sin duda contiene. A veces nos traerán recuerdos emotivos, otras nos trasladarán a sitios a los que hemos viajado, otras nos evocarán a personas que hemos conocido… Grandes historias como Ciudadano Kane o El señor de los anillos se han armado alrededor de un objeto… seguro que en casa tenemos también algún pequeño tesoro —una vieja cinta de casete, una pinza del pelo, un sobre con fotos, un par de zapatos, un reloj, una botella de licor, una funda de gafas, un instrumento musical— que está esperando protagonizar un relato literario.”

Y este es el relato que yo he escrito y que he titulado LA ESTATUA. Espero que sea de vuestro agrado.

Ya era hora de hacer el cambio de armario, esta vez tenía tiempo de sobra para sacar la ropa de primavera-verano y guardar la de otoño-invierno. Lo había dejado para lo último, antes había preferido ordenar y limpiar otros espacios de la casa que, aunque, a simple vista, no estaban excesivamente sucios sí que requerían una limpieza en profundidad.

De entre sus jerséis de lana encontró la horrenda y pesada estatua de bronce que le regaló su tía abuela para su boda. En su familia nadie pensaba que se pudiera casar, todos creían que acabaría soltera y sin hijos. Sin embargo, al final encontró a un hombre que, al igual que ella, buscaba escapar de aquel estigma con el que la gente del pueblo les había marcado. Escondía aquella pieza de mal gusto porque le recordaba la mala decisión que tomó con aquel sí, quiero. Encubría aquella monstruosidad porque le evocaba aquel fatídico día en el que descubrió a su marido en actitud impúdica con su hijo de apenas dos años. Ocultó aquella figura maciza porque con ella le reventó la cabeza a aquel malnacido que intentó propasarse con su vástago. Debería haberse quedado soltera como toda su familia esperaba, debería de haberse resignado y no haber querido acallar las habladurías. Si lo hubiera hecho así, no habría tenido que mentir y llorar dramáticamente porque su marido les había abandonado de repente sin dar ninguna explicación. Si lo hubiera hecho así, no habría tenido que deshacerse de su cuerpo en bolsas de plástico distribuyéndolas por diferentes contenedores de su localidad y de otras colindantes.

No sabía porqué guardaba aquella prueba del delito, tal vez era una manera de castigarse y flagelarse con el mea culpa como cuando era pequeña. O tal vez era porque era una manera de recordarse y dejar latente que por su hijo haría cualquier cosa.

FIN

Photo by Sarah Brown on Unsplash

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4 comentarios en “La estatua”

  1. Què “negra” que estàs avui xiqueta (de novel·la negra, vull dir)! M’ha sorprès aquest escrit tan sòrdid, però m’ha agradat el relat i, sobre tot la reflexió final.

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