Una gran estrellita

Una gran estrellita

Esta es la historia de Coralina Marina. Una bella estrella de mar que, aunque era igual que el resto de Asteroideos que vivían en su océano, se sentía muy diferente.

Y es que Coralina se creía, en algunas ocasiones y para algunas cosas, menos capaz que el resto. Se veía pequeña e insignificante, sin grandes logros en su vida. Por ejemplo, ella sabía que, a pesar de que le gustaba hacer amigos nuevos y hablar con animalitos desconocidos, no tenía la capacidad para ello. El miedo al ridículo y la vergüenza se apoderaban de ella. Esta estrellita era consciente de sus limitaciones, por eso había ciertas cosas que ya ni intentaba.

Y así era su día a día, condicionado por unas barreras que ella misma se había impuesto, sin probar cosas nuevas por el temor a no hacerlas bien. Un día, su sobrinita Estrellita Castro, le pidió un favor muuuuy grande. Y es que en su escuela realizaban una especie de Día de las familias y cada pequeñín debía llevar a un familiar que no fuera ni su papá ni su mamá. Ella lo tenía claro, llevaría a su querida tía, además de que era la mejor tía de los mares, era para ella una gran estrella.

-¿Cómooooo? ¿Qué quieres que vaya yo a hablar de mí y mi trabajo ante tus compañeros de clase y todos sus familiares?

-Si tía, por favor…-, le suplicó la pequeña con sus ojitos más tiernos…

Así era imposible negarse… había tanto amor y tanta admiración en esa mirada..

-Pero... ¿por qué yo?

La pequeña la miró extrañada sin entender porqué le preguntaba eso su tía.

-Pues porque te quiero mucho y creo que has conseguido muchas cosas en esta vida. Cuando te quedaste sin empleo volviste a estudiar a pesar de tu edad y ahora tienes un trabajo alucinante. Te esfuerzas por aprender cosas nuevas, me cuentas unos cuentos fantásticos y siempre estás ahí para ayudarme. De mayor quiero ser como tú.

Coralina se quedó sin palabras. Le fue imposible negarse. Sinceramente, no entendía tanta admiración. Ella no se veía como su sobrina la describía. Era como si hablara de otra persona. Había aceptado la invitación de la pequeña, pero estaba aterrada. No quería hacerlo, más bien dicho no podía hacerlo. La presentación era dentro de dos días y estaba de los nervios. En su mente se repetían una y otra vez, las palabras de su sobrina. De repente, lo entendió todo. ¡Era cierto! Tenía un trabajo fantástico, era maestra infantil, y cuando perdió su primer empleo como bibliotecaria, estudió de nuevo a pesar de ya ser mayor. ¡Era cierto! Siempre estaba leyendo y siempre tenía ganas de adquirir conocimientos nuevos. Y después se los contaba a la pequeña en forma de cuento. La estrella que describía su sobrina no era otra que ella. ELLA había conseguido grandes cosas, lo que pasaba es que no las sabía apreciar. ¡Se acabó! Se acabó lo de admirar solo lo que hacían los demás y despreciar lo de una misma.

¡Adiós a esas limitaciones sin sentido. Y tanto que hablaría en lo de su sobrina y lo haría lo mejor que pudiera, sin vergüenza y sin miedo al ridículo!

FIN

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