Solo sexo

En este relato hablo de aquel deseo carnal que por no pertinente queda simplemente en una ensoñación recurrente y relegada a la imaginación. ¿Lo has sentido tú, alguna vez?

Te he visto en la distancia y sé que tú me has divisado de inmediato. Nos miramos disimuladamente y nos halaga sabernos observados. Me gusta ver cómo te mueves, me hipnotiza tu asimetría y tus acompasados contoneos. Rozo tu espalda de manera casual y percibo que no te disgusta. Me acerco a ti frugalmente y escudriñamos banalidades sobre las que conversar. Para, de este modo, descubrirnos un poco más y hacer que gestos llenos de intención parezcan fortuitos y azarosos. Nuestras pupilas se encuentran a mitad de camino. Buscamos dejar en el aire la fragancia de un tal vez y de un me encantaría…

 

Pretendo algo que, en verdad, rehúyo porque sé que todo esto no es más que un capricho, un tira y afloja entre el querer y el no deber... una carnal atracción por el no sería correcto y el no estaría bien...

 

Por la noche pierdo los modales e imagino nuestros cuerpos acoplándose sin miramientos, guiados por un exceso de magnetismo inesperado e imprevisible. Dejo que tu mano erice mi bello y que tu lengua yerga mis pezones. Te enseño lo que me gusta e indago sobre lo que tú quieres. Sabemos lo que nos pone y vamos a por ello con todo nuestro cuerpo y nuestras emociones.

 

Jadeo en silencio. No he hecho nada y lo he hecho todo en un momento. Sabiendo que ahí quedan nuestros apetitos y que, aunque nos gustaría saborearnos, no podemos y no debemos.

FIN

Foto de We-Vibe WOW Tech en Unsplash

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