Leidi y su amiga estrella

Leidi y su amiga estrella

Como mi cumpleaños está muy cerca, he decidido rememorar cuentos pasados, nunca mejor dicho. Escribí Leidi y su amiga estrella en 1987, cuando tenía 9 años. He modificado bastantes cosas, pero la idea se mantiene. Espero que te guste.

Como cada noche, Leidi estaba mirando las estrellas por la ventana de su cuarto. Antes de dormirse le gustaba observar esos puntitos brillantes que titilaban sin parar. Siempre se preguntaba cómo sería eso que los adultos denominaban Vía Láctea. Su profesora de Ciencias les había contado que la Vía Láctea es donde está el sistema solar y la tierra y que se llama así por su color blanquecino y su forma en espiral. Intentaba recordar todo lo que sabía sobre dicha galaxia mientras lentamente se le iban cerrando los ojitos. Estaba profundamente dormida cuando de repente oyó una voz insistente que la llamaba. Le era imposible despertarse, era como si tuviera pegados los párpados con pegamento extrafuerte. Al fin, con los ojitos casi abiertos, consiguió ver en la oscuridad una figura borrosa que desprendía un haz de luz amarilla. Se frotó los ojos con fuerza, debo estar soñando, pensó. Miró otra vez aquella forma y su primera reacción fue taparse con la colcha de su cama como si así aquel ser que estaba frente a ella no pudiera hacerle nada o fuera a desaparecer. Pero no, aquella cosa todavía estaba allí y no parecía querer marcharse.

- Hola, dijo ese ser.

Leidi no conseguía adivinar qué era aquello. Parecía una estrella, pero no estaba segura porque la luz que desprendía le hacía imposible mirarla directamente.

- ¡Uy, lo siento!, se disculpó el luminoso ente mientras mitigaba la fosforescencia de su cuerpo.

Hola Leidi, soy Stella y vengo para llevarte conmigo y enseñarte el mundo en el vivimos las estrellas. Leidi no podía articular palabra, no podía creer lo que estaba viendo ni lo que estaba escuchando.

-¿Estoy soñando, no?, -consiguió al fin decir la pequeña.

-No Leidi, sabemos que cada noche te duermes mirándonos y que cada noche te preguntas cómo será nuestro hogar y hoy he bajado para enseñártelo.

-Pero…. no puede ser… esto seguro que es un sueño…

-Cierra los ojos Leidi y déjate llevar.

Y de repente, al abrirlos de nuevo, se vio volando por el cielo encima de Stella. Leidi estaba tan sorprendida que no podía cerrar la boca. Había miles de estrellas a su alrededor iluminando la noche oscura. Aquello era todavía más bonito de lo que había imaginado, era inmenso. El cielo negro estaba repleto de puntitos resplandecientes que parpadeaban sincronizadamente. Se sentía como flotando y, en verdad lo estaba, rodeada por el silencio más absoluto. Solo esporádicamente rompían esa tranquilidad unas vocecitas muy dulces que parecían decir Cla, cle, cli, clo, clu.

-¿Qué es eso que se oye?

-Aaaah sí, son los Pelusitas, nuestras mascotas.

El bicho, que flotaba por el espacio paseándose por entre los astros, era blanco con naricita chata, ojos que cambiaban de color y antenas con bolitas naranja en su final.

Continuaron su viaje hasta llegar a una especie de montañas formadas por grandes piedras, suspendidas en el cielo. Allí, entre las rocas vio otros animalitos aún más extraños que los anteriores. Eran rojos con rayas azules, sus extremidades acababan con formas de estrellas y lunas.

-Stella… ¿Qué son esas bestias?

-Son los rocosos, animales que viven en los peñascos y que son una especie de guardianes de nuestra galaxia, por eso son tan grandes y fuertes.

Siguieron su vuelo y Leidi divisó a lo lejos un grupo de hombrecitos verdes con grandes orejas, dientes puntiagudos, tres brazos, seis dedos en cada mano y solo un ojo.

La pequeña al ver aquellos seres dio un fuerte grito y se puso a temblar.

-¿Qué te pasa Leidi?

-Mira,- dijo señalando a aquellos extraños seres.

-Aaaaah, son los verdositos

-¿Son malos?

-No, en absoluto, son muy buenos y gracias a ellos nuestro mundo es tan bello.

Mientras Stella le contaba esto, Leidí vio como uno de esos hombrecitos se subía sobre una estrella y se alejaba a toda velocidad. Otros, estaban pintando un precioso arco iris, le sacaban brillo a la luna y barrían el sol.

-¡Esto es increíble!

-¿Te gusta? Me alegro, ahora ya conoces donde vivimos. Buenas noches Leidi

Estos son los dibujos que confeccioné de pequeña para este cuento

De repente, Leidi se despertó en su cama y su mamá estaba a su lado deseándole los buenos días. La pequeña no sabía dónde estaba, ni si era ya de día o todavía de noche. Miró por la ventana y ni la luna ni las estrellas se veían ya en el cielo. Se quedó mirando a su madre con los ojos muy abiertos sin poder decir ni palabra. No entendía nada.

-¿Qué te pasa princesa? Se te han pegado las sábanas… vamos vístete que hay que desayunar e ir al cole… 

¿Al cole? ¿Dónde estaba su nueva amiga Stella? ¿Y los Pelusitas y los Rocosos y los Verdositos?, se preguntaba la niña. Seguro que todo había sido un sueño, pensaba Leidi mientras sonreía para sus adentros.

De inmediato, mientras su madre le preparaba el desayuno, cogió su bloc de notas y se puso a escribir todo lo que había vivido durante esa noche. De sus recuerdos nace este cuento, que no es más que el sueño de Leidi y su amiga estrella.

FIN

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