Amiga, ahora soy madre

Amiga, ahora soy madre

Con esta carta quiero darte a conocer lo que para mí supone esta nueva etapa en mi vida. Tal vez, tú veas mi maternidad como un obstáculo que nos distancia, yo la veo como un tesoro que me enriquece. Yo sigo siendo la misma, querida amiga, lo que pasa es que ahora mis prioridades son otras.

Cuánto tiempo sin vernos, ¿por dónde andas? ¡cuántas ganas de salir una noche contigo a tomar unas copas como antes! Aunque temo que no sería una gran compañía porque me pasaría todo el rato hablándote de mi pequeñín. Y es que el tiempo pasa muy rápido y ahora ya anda y corre, come de todo, se acabó lo de estar todo el día enganchado a mi teta, y está empezando a hablar. ¿Ves? Ya estoy otra vez hablándote de él y de sus chiquilladas. Lo siento querida amiga. Sé que hay más cosas en este mundo, pero es que ahora toda mi vida gira a su alrededor. Yo sigo siendo la misma, aquella joven visceral que se enervaba hablando de política y de desigualdad social. Sigo siendo todavía aquella que al escuchar a The Brand New Heavies o a Rinocerous se ponía a bailar como si no hubiese mañana. Y es que esa jovenzuela aún sigue en mi latente, lo que pasa es que mi día a día ha cambiado y mi vida ya no es tan mía.

Hemos ido creciendo y todas las amigas, antes tan unidas, nos hemos ido distanciando. Nos hemos hecho mayores y hemos asumido como tales, nuestros roles. Los alquileres y las facturas de la luz y el gas ya no las pagan nuestros padres como en nuestra época universitaria, ahora somos nosotras las responsables de nuestra propia economía, con todo lo bueno y malo que eso conlleva. Cómo echo de menos aquellos años en los que estudiábamos juntas y aprovechábamos cualquier fiesta para ponernos guapas y salir a darlo todo con nuestros bailes. Pero hemos crecido y ya nada es lo mismo. Lo sé, lo sé… hacerse mayor no significa ya no poder bailar… Estoy segura que tú todavía mueves el esqueleto como la que más, pero yo, creo haber olvidado cómo se coordinan los movimientos al compás de la música. Ahora lo único que escucho es el Bon dia de la Damaris Gelabert o la sintonía de la Patrulla canina. ¡Y lo peor de todo es que me gustan!

Siento no estar siempre tan dispuesta a salir o tan preparada como antes para escaparme de festival un fin de semana. Sí, el niño también tiene padre y sí, él se podría hacer perfectamente cargo. Pero el problema lo tengo yo. No sé si yo estoy tan preparada para separarme de él. ¿Increíble, no? Pues sí, querida amiga, hoy por hoy soy adicta a mi hijo. Soy incapaz de explicarte este sentimiento porque es más fuerte y grande que yo misma. Apareció en el mismo momento en el que vi por primera vez su carita. Y es que, como tú bien sabes, yo nunca había pensado en tener hijos y tampoco nunca he sido muy maternal, pero ahora en cambio, solo tengo ojos para él, literalmente. A cada una la maternidad le afecta de una manera y a mi ha sido de esta, aunque me consta que no soy la única. Por eso te pido tiempo y paciencia, porque él irá creciendo y ya no estaremos tan enganchados el uno al otro. Seguiré preocupándome por su bienestar, eso siempre, pero no necesitaré estar a todas horas vigilándolo.

¿Te acuerdas de lo bien que nos lo pasábamos en verano cuando íbamos juntas de vacaciones? Siempre de aquí para allá sin casi tiempo para dormir. Descansar era lo último en nuestra lista de prioridades. Ahora, en cambio, es lo que más anhelo. Dormir… que precioso verbo. Dormir hasta las tantas, sin que nada ni nadie te despierte… Hace tiempo que no sé lo qué es eso y lo quiero, aunque solo sea por un día. Ahora dormir las ocho horas me es imposible, y es que mi cerebro de madre está siempre alerta y no es capaz de relajarse como antes. Sé que es algo normal, pero me cuesta asimilarlo. Quisiera salir como antes, ir a exposiciones, al cine cada fin de semana, pero el cansancio es más fuerte que yo y caigo rendida cada noche.

Sé que me has propuesto en muchas ocasiones quedar para hacer cosas juntas, también sé que muchas veces he sido yo la que no ha aceptado tus invitaciones. No te creas que es por falta de ganas, en absoluto, pero es que ahora cuando hago planes también debo tenerlo a él en cuenta, y sé que él es feliz en un parque saltando o jugando a la pelota. Sí, ya sé que podríamos quedar igualmente, pero es que deseo estar al cien por cien y no a medias. Quiero escuchar tranquilamente lo que me cuentas y contarte yo también mis cosas sin tener que estar pendiente de dónde está el niño o de lo que quiere.

Sé que me entiendes querida amiga, aunque por circunstancias de la vida ya no nos vemos tanto como antes. Ahora nuestras realidades son distintas, pero ello no significa que siempre vaya a ser así. En un futuro, no muy lejano, volveremos a quedar para tomar unas copas y bailar desenfrenadamente y, tal vez, en esa ocasión, sea yo la que lo dé todo y te sorprenda. Ten en cuenta que ahora no bebo casi y con una copita ya me pongo a tono.

Hasta pronto querida amiga. Te quiero mucho,

Rosa

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